LA CALIDAD EN LA TAZA

Cómo reconocer el auténtico espresso italiano

Cremoso, con cuerpo, aromático... todos los rasgos distintivos del café italiano más famoso y amado del mundo.

CREMA

Es el icono que diferencia al espresso de los otros métodos de preparación

Gracias al método de extracción y de emulsión de A Modo Mio se obtiene siempre una crema perfecta, densa y exquisita.

Es en el color de la crema, en su consistencia y en su persistencia donde se reconocen los elementos que caracterizan una mezcla de calidad y profesionalidad en la preparación.

La crema ideal debe ser compacta, duradera y de color avellana. Nunca debe ser espumosa, inestable o de un color demasiado claro u oscuro.

CUERPO

A Modo Mio garantiza un cuerpo pleno y equilibrado gracias a una cuidada selección de diferentes mezclas y a un método de extracción exclusivo que lleva a nuestra taza sólo la excelencia.

El cuerpo, su estructura o plenitud, es la sensación que se percibe por la densidad de la bebida, su aroma y su viscosidad, resultantes de la concentración de las sustancias disueltas en el café. El cuerpo del café debe diferenciarse de la fuerza de las sensaciones gustativas y aromáticas. El gusto del café viene determinado por cuatro criterios básicos: amargo, ácido, salado y dulce. La prevalencia de uno u otro depende en buena medida de la composición de la mezcla.

AROMA

El aroma del espresso A Modo Mio es el resultado de un procedimiento de altísima calidad. El verdadero perfume del espresso perfecto.

Es la intensidad del espresso, ligada a la elevada concentración de aromas en una pequeña cantidad de bebida.

Las sensaciones aromáticas son múltiples: pueden recordar a flores, frutos secos, chocolate... Los aromas se perciben inspirando directamente los vapores que emanan de la taza de café.

Las sustancias aromáticas siguen liberándose del café líquido, de la taza y durante la degustación.

LA TAZA

La calidad de un café perfecto también depende del objeto que lo alberga: la taza de café.

La taza de A Modo Mio respeta fielmente los criterios de forma y capacidad para conservar la pureza del sabor original.

La taza perfecta debe tener una capacidad máxima de 70 ml, una forma troncocónica, y haber sido precalentada a una temperatura de en torno a 35-40 °C.

De este modo se conseguirá una crema compacta y caliente, logrando así capturar y acentuar los aromas y las características más notables del café.